sábado, 26 de noviembre de 2011

Y al tercer día resucito.

Fui actor de una tragicomedia
de la que sólo yo desconocía el final,
fui esclavo en un juego de amor
del que escapé como pude y rodando.
Todavía hoy miro esa grieta en la pared
todavía hay goteras en mi casa,
y creo que es hora de llamar al reparador
pero el suicidio se presentó frente a la nariz.
Cientos de dioses acudieron a mi morada,
dicen que en el Olimpo sólo se habla de mi;
de cuándo venderé mi alma al diablo,
de cuando me erigiré inmortal...
Enviado a un mundo cruel
al que no me siento apegado,
condenado a sentir lo mismo
que todos esos que se hacen llamar humanos.
Transmito sensaciones
que van del amor al odio,
se lo cuento al boli mientras sangra,
porque ya no aguanta tanta bobada.
Cuando no se es posible ser feliz
pocos son los días de fiesta que te condecoren,
aunque todo este amor fue una estafa
mi alma enloquece con cada crujido.
Mi cama aún sigue chillando
y se que es por tu puta ausencia,
pero el alcohol y otras plantas 
de índole ilegal y antimoral
consiguieron mantenerme en pie.
El día empezó con un poco mas de vanidad,
pero acabará con la misma genialidad de siempre.
No es tan dramático, 
pero mantenerse en pie duele
si no tiene nadie en quien apoyarse
este genio tan vulgar.
 Y se que va siendo el momento
de recomponer todas mis cenizas,
y se que tengo las razones
y se que tengo los motivos
y se que tengo la capacidad
para escapar de esta cárcel de ansiedad.
Pero quizás de aquí no me quiero largar,
porque nunca llegué a entrar...
Eternamente tuyo, Philosophia.

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