miércoles, 30 de mayo de 2012

Sexto.

Con el paso de las páginas
me he convertido en un animal
que traga cerveza
y escupe poesía.
Y eso apesta,
asi que traté de suicidarme
en mi propio relato melanco-hólico.
Uno de mis personajes,
-un franchute de tres al cuarto
que trafica con hierbas
que vuelven locos a los hombres-
me dijo que un protagonista digno
de poner el nombre a una novela
no puede morir en el quinto acto.


Por eso estoy aquí,
bebiéndome otra birra más
y vomitando el sexto.
Eternamente tuyo, Philosophia.

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