miércoles, 21 de diciembre de 2011

La relatividad de un vaso medio vacío.

El otro día me inventé
que una cerilla cruzando el enyesado de mi cuarto
podía ser una estrella fugaz,
cerré los ojos y pedí un deseo;
el deseo que no tengas nada mejor que hacer
y pienses en mi, aunque sea un ratito,
el deseo de tenerte aquí, conmigo,
y a poder ser, desnudos.
Creí que las cagadas de los pájaros
en el alféizar de mi ventana
eran lágrimas que derramabas
porque aún me echabas de menos.
El humo de este cigarrillo
se me imaginó el vaho
de una habitación atestada de amor,
y demás sinónimos de follar.
En ese momento dejé de ver tus fotos
porque el síndrome de Sthendal lo llevo fatal
y me concentré en recordar
el sudoku de infortunios
que fue nuestra relación...
Si,
es posible que ese día estuviera drogado,
(o borracho, que para el caso es igual)
pero qué coño le hago
si me empeño en decir que te quiero
y aún me cuesta levantar los pies del suelo.
Eternamente tuyo, Philosophia.

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